REVISTA DE ETNOGRAFÍA GRÁFICA
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El esparto en Jumilla

El esparto (Stipa tennacissima L.) es una planta conocida y utilizada por el hombre para hacer toda clase de útiles desde la antigüedad. Su área de extensión es más bien reducida, aunque propia del litoral mediterráneo, se encuentra en países como España, áreas de Italia y países del Norte Africano, desde Marruecos a Egipto.
En nuestro país las provincias más productoras han sido Murcia, Albacete, Granada y Almería, por este orden. La producción de esta fibra en Jumilla representa el primer lugar dentro de la región con la mayor implantación del atochar. En 1949 la cosecha de esparto jumillano con sus 8.222.592 Kilogramos supuso el 20,5% del total recolectado en Murcia; sin embargo, nunca nuestra localidad ocupo un lugar destacado en la industria transformadora del esparto, tal y como ocurrió con Cieza o la vecina localidad de Hellín.


Aunque ha sido utilizado profusamente en la fabricación de útiles y herramientas desde neolítico, el esparto vivirá sus momentos más grandes de esplendor en el siglo XX1, coincidiendo con las dos grandes guerras mundiales. El primero, entre 1914-20 que se prolonga hasta los 30, el segundo entre 1940-50 alcanzando a mediados de siglo su época de mayor vigores. En ambos casos el encarecimiento de otras fibras como el yute y cáñamo provocó una revalorización del esparto y su subida del precio; pero al iniciarse los planes de desarrollo y roto el aislamiento nacional al régimen de Franco, la llegada de fibras artificiales y la desproporción entre los costes de cogida y el precio del esparto provocaron su constante declive que terminará prácticamente con su recolección y ulterior transformación.
En Jumilla apenas se desarrollaron industrias transformadoras del esparto, aunque se contó con manufacturas de cofines (contando con patentes propias de fabricación), e hilanderas. Será en el ámbito popular y de forma artesanal donde la transformación de nuestro esparto para la fabricación de enseres e instrumentos domésticos y agrícolas cobre su máxima expresión. Trasmitido de generación en generación el arte de trenzar estas fibras sea en crudo o cocido los lugareños han dado forma a cestos, capazos, sogas, esteras, barzas, aguaderas, albardas, cofines, costales, recinchos, pleitas, guitas, cernachos, alfombras, y un interminable rosario de útiles algunos llenos de gran belleza artística por la maestría en que están confeccionados. Nuestro museo etnográfico recoge una buena muestra de muchos de estos enseres y utensilios.
Aún hoy perduran entre nuestros mayores campesinos que cuentan con una enorme destreza en la fabricación de estos objetos de esparto, alguno de los cuales forma parte de la Asociación de artesanos locales.
Mención aparte merece el uso de esta fibra para la confección de alpargatas y alborgas o esparteñas ya que a base de cosido y trenzado del esparto se confeccionaba la suela del calzado más popular de antaño o el especial para el trujal de las uvas. En Jumilla existían alpargateros dedicados a su confección y han perdurado hasta los años 80, como el caso de José Mª que tenía su taller en la calle la Verónica.



Entre los oficios relacionados con el esparto y su transformación, cabe destacar el de espartero, jornalero agrícola que trabajaba a destajo en su recogida y que supuso en nuestra potsguerra el mayor contingente de población activa jumillana. Contaba este jornalero por lo general, con la propiedad de un burro, el cual le facilitaba sus desplazamientos a los distintos parajes y «tendías» (lugar donde se depositaban los haces de esparto para su pesado y transporte), de unos zahones, manguitos y el hierro también conocido como «Talí o palillo» (una barra de hierro o madera terminada rematado en uno de sus extremos con una cabeza más gruesa, en el otro extremo una pequeña correa o cuerda le permitía llevarlo colgado de la gobanilla ), con el que se ayudaba para arrancar las hojas de esparto de las atochas.



Otros oficios relacionados con el trabajo del esparto fueron los de cofinero, alpargatero e hilador.
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(1) GLORIA FERNÁNDEZ PALAZÓN (1974):“Aspectos socioeconómicos de la explotación del esparto en España” descargar en PDF

La Plaza Arriba

La «Plaza arriba» es sin duda uno de los lugares y rincones de obligada visita para cualquier visitante o turista que se acerque a Jumilla. A pesar de las continuas transformaciones que ha sufrido a lo largo de la historia y el transcurrir del tiempo, conserva aún hoy, bastante de los elementos que configuraron su entorno desde el siglo XV.
El rincón formado por la antigua posada, hoy sede de la Universidad Popular y el viejo edificio renacentista del Concejo (actual Museo Jerónimo Molina), con la torre de la Iglesia Mayor de Santiago al fondo, es idéntico al que contemplaban nuestros antepasados a finales del siglo XVI. Fue en 1558 [1] cuando se construyó el «Palacio Municipal» sobre dos solares comprados a particulares, bajo la dirección de Julián Alamiquez que era uno de los arquitectos que trabajaba en la edificación de Santiago. El edificio del Concejo albergaba en su planta baja la Lonja y en la planta primera la Sala Capitular. Si bien es cierto que, cuando en 1560 se concluyeron los trabajos, tenía una torre en su lado derecho, desaparecida hace tiempo pero de la que guardamos testimonios escritos gracias a un grabado de 1800 [2].




+En el grabado de Jumilla sobresalen tres edificios: Santiago, El Salvador y el Concejo con su torre a la izquierda


Fue a lo largo del siglo XVI, cuando para hacer frente a la expansión demográfica la ciudad creció desde los alrededores de Santa María hacia el sur y el Este de la falda del castillo, configurándose en ese desarrollo urbano la Plaza de San José que vendrá a denominarse de Arriba un siglo más tarde para distinguirla de la de Abajo (actualmente Plaza de la Constitución o Jardinico de las Ranas) cuando el crecimiento de la ciudad a finales del XVII obligó a trasladar el mercado a esta nueva plaza con mayores anchuras. Sabemos que a mediados del XVII la Plaza de Abajo ya había ganado el protagonismo social a nuestra Plaza de Arriba, pues en 1754, hay constancia de la construcción de los toriles para el desarrollo de las corridas en ella [3].



La Plaza Arriba, a lo largo de su existencia, ha sido escenario y testigo mudo en todo tipo de acontecimientos sociales, económicos y festivos. Vio entrar y salir carros de viajeros a su posada, desarrollarse los mercados en su lonja y explanada, procesiones y actos religiosos o festivos que se desarrollaban en su recinto. Por ella merodearon regidores, alcaldes, alguaciles y síndicos que entraban y salían en el edificio del Concejo, ciudadanos de a pie que acudían a realizar gestiones o aquellos que deambulaban por ella y sus inmediaciones. Por ser testigo hasta lo fue de uno de los hechos luctuosos de nuestra Guerra Civil, por lo que durante la etapa de gobierno franquista se le denomino “Plaza de los Mártires”, sin mucho éxito pues los jumillanos siguieron refiriendose a ella como de Arriba, tal y como venía haciéndolo desde dos siglos atrás.


Solo el desarrollo demográfico junto a la expansión hacia el Este de la ciudad, terminó robando el protagonismo a esta plaza, que fue durante más de doscientos años, centro neurálgico de la ciudad, y donde se ubicaba el edificio más emblemático, de esta su Ayuntamiento y sede del poder local.
Caminar hoy por la Plaza de Arriba, es retrotraerse en el tiempo a lo que fue la Jumilla del siglo XVI en el que este lugar venía a constituir el nudo gordiano de su vida urbana. Por suerte para los Jumillanos, y a pesar de las lógicas remodelaciones que el paso del tiempo deja en los recintos urbanos, hoy la Plaza Arriba todavía presenta en sus volúmenes y formas un aspecto bastante similar al que tuvo en su época de esplendor.


Plácido Guardiola Jiménez
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Notas Bibliográficas:



[1] GUARDIOLA TOMAS, L (1976). Historia de Jumilla, Nogés, Murcia (pp 120-122)
[2] LOZANO SANTA, J. (1800): Historia antigua y moderna de Jumilla, Manuel Muñiz, Murcia. Publicado en facsimil por Excmo. Ayuntamiento de Jumilla en 1976, Murcia.
[3] GUARDIOLA TOMAS, L (O. cit p. 289)